¿Qué tiene que ver mi familia con la paz?

¿Qué tiene que ver mi familia con la paz?

En el mundo actual, la búsqueda de soluciones pacíficas para los conflictos y la necesidad de dotar a las nuevas generaciones con la capacidad de “imaginar, aprender, crear y hacer visibles aportes a la paz” cobran cada vez más vigencia y demandan mayor atención.

En efecto, en la comunidad humana —cada vez más compleja y globalizada—, se viene imponiendo la urgencia de educar a los niños y los jóvenes para que lleguen a ser personas más tolerantes, resilientes, sensibles y respetuosas de los derechos propios y ajenos, e inclusive seres más amables con su entorno y comprometidos con el porvenir de la sociedad y la vida en general.

Aunque esto siempre ha sido importante, apenas ahora los seres humanos estamos comenzando a comprender, en medio de graves conflictos sociales e inimaginables emergencias humanitarias y ambientales, que no es posible que la sociedad humana sobreviva si no se marca otro rumbo para los que vienen, en términos de convivencia.

Por eso no se puede entender que una sociedad que aspire a alcanzar la paz abandone, agreda y mezquine oportunidades a quienes tienen en sus manos las decisiones y el quehacer del futuro. Mucho menos se entiende una sociedad que les arrebate el derecho de crecer en familia, el entorno que garantiza, en primera instancia, que lo anterior no suceda al menos para la mayoría.

La responsabilidad de la familia en estas circunstancias es vital, porque:

  1. Es en el seno de los hogares donde debe proporcionarse a los niños y los jóvenes el ambiente y la crianza propicios para que se conviertan en seres humanos equilibrados, con capacidad para pensar y actuar pacíficamente de manera natural.
  2. El grupo familiar es el responsable nada menos ni nada más que de moldear el carácter y forjar los valores de la persona, por lo tanto, la formación para la paz debe iniciarse allí.
  3. Los vínculos que, en condiciones normales, se generan entre los miembros de un grupo familiar así como el apoyo natural que se brinda en este fortalecen la vida individual y le proporcionan estabilidad a cada uno. El proyecto colectivo promueve y auspicia también el proyecto individual mientras este adquiere autonomía. Y el respaldo y la estabilidad, ya sea material o sicológica, son dos elementos esenciales para la paz en la vida personal.
  4. Una familia pacífica tiene un efecto dominó sobre la comunidad en la que se encuentra. La sinergia con otras familias le confiere una potente capacidad para transformar y crear en beneficio de todos.

Este momento amerita que evalúes si en tu familia se está cumpliendo a cabalidad con este conjunto de comisiones. Pues, en últimas, si en tu grupo familiar se vive en sintonía con las funciones que hemos mencionado hasta aquí, puedes tener la satisfacción de estar contribuyendo significativamente a la cultura de la paz, por lo menos en tu ámbito de influencia más cercano.

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