Comparar, un error recurrente en los padres

Comparar, un error recurrente en los padres

Cuando se es padre o madre, lo más seguro es que se busque lo mejor para los hijos. Procuramos que ellos reciban todas las herramientas necesarias para enfrentar el mundo de una forma adecuada y tratamos de evitar que estén expuestos a situaciones de angustia o tristeza. Para ello, buscamos conocer cuáles son sus habilidades y así poder ayudarlos a fortalecerlas, pero en ocasiones podemos cometer errores en este proceso.

Los niños requieren de una constante retroalimentación frente a sus acciones, y el felicitarlos por alcanzar un objetivo está bien. Sin embargo, es común que los padres cometan el error de exagerar los logros de sus hijos, los pequeños entienden cuando son enaltecidos desproporcionadamente y pierden confianza en sus padres, porque no los toman como una fuente fiable de información. Un niño es un ser en proceso de conocer el mundo, por eso requiere de enseñanzas precisas, está bien felicitarlos, pero se debe hacer en una medida proporcionada al objetivo cumplido.

Un error frecuente, es que los padres pronuncien frases como: “nuestra hija es la deportista de la casa” o “mi hijo es el chef de la familia”. En apariencia son solo expresiones de reconocimiento frente a habilidades de nuestros hijos, pero en ellas ya viene implícita una exageración, y además estamos realizando una predicción de lo que ellos van a hacer en el futuro. Esto hace que los pequeños intenten cumplir con esa expectativa y se encasillen en un objetivo impuesto por nosotros, que no es necesariamente lo que a ellos más les agrada.

Del mismo modo ocurre cuando somos muy severos frente a sus errores o fracasos y decimos cosas como: “eres muy malo como futbolista” o “eres muy dañino, no entres a mi taller porque siempre dañas algo”. Así estamos condicionando a nuestros hijos a ser malos en ciertas actividades. A esto se le conoce en psicología como la “profecía de autocumplimiento”, acuñada por el sociólogo Robert K. Merton, en donde los niños buscan cumplir inconscientemente con los rótulos que sus padres les han impuesto.

Además de esta clase de comparaciones, también existen las que se realizan directamente con otras personas. Por ejemplo, “mira la habitación de tu hermano, él si es organizado” o “¿Cómo a Pepito le fue bien en matemáticas y a ti no?”. Esos paralelos, pueden crear celos, frustraciones y conflictos entre las dos partes.

Por todo lo anterior, como padres es necesario ser objetivos frente a los logros de nuestros hijos y no sobredimensionar sus alcances. No realizar comparaciones de ningún tipo y por el contrario enfocarnos en nuestros hijos.

Decir cosas como: “hiciste un delicioso postre”, “jugaste baloncesto muy bien el día de hoy” o “Dañaste lo que estaba haciendo en mi taller, debes tener más cuidado la próxima vez”; son expresiones más enfocadas. Así evitaremos realizar comparaciones, con todas las desventajas que esto conlleva.

 

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