¿Cómo enseñar a nuestros hijos a resolver problemas y conflictos?

¿Cómo enseñar a nuestros hijos a resolver problemas y conflictos?

  1. Dejemos que nuestros hijos aprendan de su experiencia.

Es cierto que los padres tenemos la responsabilidad de enseñar y ayudar a los hijos a resolver los conflictos y problemas de sus vidas, pero no haciéndolo por ellos sino permitiéndoles hacerles frente, guiándolos en el proceso e interviniendo solo en el momento en que realmente lo necesiten.

Un error que cometemos los padres, aunque lo hagamos con buena intención, es que les negamos a nuestros hijos la posibilidad de aprender de los problemas que se les presentan y de resolver por su cuenta sus conflictos. Les damos las respuestas sin que nos hayan preguntado y salimos a protegerlos sin que nos lo pidan o tomamos decisiones que ellos deben asumir por sí mismos.

De este modo, cuando llega el momento en que se encuentran solos frente a las dificultades y los conflictos quedan expuestos y vulnerables, porque no han adquirido las habilidades para solucionar las situaciones difíciles y conflictivas por sus propios medios. Son niños y jóvenes que temen las confrontaciones y no saben defenderse, o lo hacen de manera inadecuada, por ejemplo, con violencia. Son personas indecisas e introvertidas que no quieren tomar riesgos y les cuesta tomar la iniciativa. Siempre van buscando quién les diga cómo hacer las cosas y son presa fácil de abusadores y líderes negativos.

  1. Practiquemos en casa una estrategia para solucionar los conflictos familiares que les sirva de modelo para el resto de sus vidas.

Resulta muy útil basarse en estrategias que han probado ser efectivas. La siguiente puede servirnos de guía:

  • Reconocer el problema: determinar cuál es el meollo del problema o el conflicto es el resultado de que los involucrados se escuchen y se esfuercen por comprenderse mutuamente.
  • Indagar la causa: de manera que también detectemos hasta dónde cada uno es responsable y reconocerlo sinceramente.
  • Examinar varias opciones para resolverlo: se trata de explorar entre todos las posibilidades y aprovechar para mostrar a nuestros hijos que siempre habrá más de una sola forma de solucionar los problemas. Es un ejercicio que debemos hacer dejando de lado las críticas, los reproches y derrotando la tendencia a subestimar o despreciar las opiniones de los otros.
  • Escoger la solución más conveniente: el grado de conveniencia lo determinan los involucrados luego de analizar el lado positivo y el negativo de cada opción. Es importante entender que la solución no tiene por qué ser perfecta ni siempre será la que más nos guste, pero será la mejor si nos ayuda a resolver la situación que queremos resolver.
  • Establecer un compromiso y definir cómo se va a proceder. Antes de actuar, conviene definir cómo contribuirá cada uno y cómo se llevará a cabo todo para alcanzar la solución. Esto incluye anticiparse a los obstáculos posibles y determinar un plazo para ver los resultados.
  • Comprobar si el problema se resolvió. De nada nos sirve haber elegido una fórmula de solución si no la llevamos a la práctica y si no verificamos si sirvió o no. esto último suele ocurrir a menudo, y entonces tenemos que ajustar las acciones o ver otras posibilidades.

Actuar con estrategias como esta nos ayuda a adquirir destrezas y seguridad para hacer frente a cualquier circunstancia o reto, crecemos como individuos y nos afianzamos como grupo. Entre más grandes los desafíos mayores los aprendizajes y más significativas las satisfacciones.

  1. Compartamos con ellos nuestras experiencias y mostrémosles cómo las enfrentamos o resolvimos. Nuestros hijos disfrutan mucho desde niños nuestras historias, pero estas les resultan mucho más emocionantes cuando encuentran que en ellas hay ejemplos concretos de lo que pueden hacer si se les presenta algo similar. Nuestros triunfos y fracasos son valiosos referentes para nuestro hijos.
  2. Ayudémoslos a desarrollar habilidades para resolver conflictos de manera pacífica. Podemos orientarlos para que se ejerciten en capacidades como la de expresar sus ideas y defenderlas con buenos argumentos, proponer soluciones, negociar y llegar a acuerdos o buscar la ayuda más conveniente para superar pacíficamente un conflicto, ya sea con sus hermanos, sus compañeros, sus vecinos o sus padres.
  3. No permitamos que nuestros hijos sean indiferentes a las necesidades de los demás. Más bien, inculquémosles el deseo de ser parte de la solución aunque sea escuchando a la persona afectada, dándole un consejo o ayudándole a buscar apoyo. La sensibilidad hacia lo que les ocurre a otros despierta en nuestros hijos sentimientos nobles, pero también los aleja del egoísmo, la ambición, la indiferencia y otras formas de actuar humanos que alimentan conflictos destructivos.

Un programa o una noticia sobre personas que están pasando dificultades o conflictos es un buen punto de partida para dialogar con ellos sobre el tema y contribuir a su capacidad para analizar su entorno y pensar posibilidades de solución.

 

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